domingo, 22 de noviembre de 2015

Palmeral de las sorpresas.

Hoy iba sola caminando por el puerto y he visto un letrero que ponía "Palmeral de las sorpresas".

He levantado la mirado y he visto Gibralfaro, y nos he visto allí arriba desde la distancia física y temporal. Nos he visto más pequeños e inocentes de lo que somos hoy, en un día soleado, ilusionados, mirando un letrero en el que ponía "Palmeral de las sorpresas" mientras mirábamos Málaga, sintiéndola bajo nuestros pies, tan pequeña que se podía abarcar con la mirada, y preguntándonos que sería eso de las sorpresas. Nos he visto sonriendo, subiendo al castillo, sudorosos pero felices. Te he extrañado. Y me he extrañado.

A veces la vida pasa tan rápido que siento como si estuviera en una colchoneta en la playa y de pronto abriera los ojos y me encontrara perdida en medio del mar. Siento que el pasado es firme, seguro, conocido. Miro atrás y nos veo a nosotros, y sé que es real, que has existido, que nos hemos amado. Pero de pronto veo un resbalón, un momento en el que nos perdemos, y al abrir los ojos todo es diferente. Me encuentro en el mismo sitio, en los bloques de piedra donde rompen las olas, pero tú ya no estás dejándome tu sudadera, y yo estoy pero tampoco soy la misma.

Esto no es triste. Solo es diferente. La vida es la misma, el tiempo pasa y yo voy viviendo, tratando de disfrutar. Sé que sigo siendo yo porque la esencia nunca cambia, pero la experiencia me ha hecho madurar mucho, aunque sigo tratando de verlo todo con la misma ilusión.

Pero, ¿para qué engañarnos? A fin de cuentas nunca leerás esto. Lo cierto es que te echo de menos.
Puedo vivir sin tí. Y soy feliz. Y sé que esta será mi vida hasta que muera. Sé que nunca volverás a mi lado, porque tú tampoco eres ya el mismo, y nunca veré tus ojos brillar de nuevo por mi. 

En la vida nos toca aceptar este tipo de situaciones. La vida nos regala momentos y personas que de pronto un día te puede arrebatar, y no queda más que aceptarlo.

Pero ojalá pudiera volver a aquél día, el día de Gibralfaro, aunque solo fueran unos minutos. Ojalá pudiera volver y besarte, y decirte que te quiero. Ojalá pudiera decirte todo lo que no te dije en su momento, todas las cosas que merecías escuchar y nunca fui capaz de reconocer. Ojalá pudiera decirte que eres un hombre maravilloso, que nunca nadie me ha mirado como tú, que nunca me he sentido tan a gusto con nadie, que sólo contigo me sentía plena, feliz, que a tu lado viví los mejores momentos de mi vida, que a tu lado supe lo que era el amor. Ojalá pudiera volver aunque solo fuera unos segundos.

Pero el tiempo ha pasado. Y aunque el lugar no cambia, tú ya no estás, y no tengo derecho si quiera a decirte que siengo pensando en ti. 

 

sábado, 27 de junio de 2015

Elijo seguir mi camino, seguir mis principios.

Elijo seguir mi camino, seguir mis principios. Una persona debe tener siempre claros sus objetivos. A veces la vida nos puede golpear de manera fría y dolorosa, pero debemos saber superar todos los obstáculos que se nos ponen en el camino pues eso es lo que día a día nos va haciendo mejores personas, más maduros y más fuertes emocionalmente.

Sí, duele. Es complicado, pero de todo se sale, todo se supera y el tiempo siempre termina curando las heridas. Por mucho que la vida nos ponga pruebas debemos tener claro quién somos y qué queremos de nosotros mismos, debemos intentar siempre dar lo mejor de nosotros, y al final del día no tener que arrepentirnos de nada. Hay cosas que inevitablemente nos hacen dudar si fueron errores, pero sin tropiezos la vida sería aburrida ¿no? Demasiado fácil. 
Y otra cosa es que no debemos compararnos nunca con nadie y no tener prisa nunca, en ningún ámbito de nuestra vida. "Vi tantas liebres correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el camino". Y el mejor remedio ante la traición y el dolor es aprender a perdonar y no guardar rencor. Tener la conciencia tranquila es la mejor medicina. "Si no odias, no necesitas vengarte". Estar tranquilos con nosotros mismos, poder dormir por las noches sin sentir odio, perdonar, tener el alma tranquila, saber apreciar la vida y poder superar los obstáculos como los resaltos en la carretera: pisa embrague, mete primera y suelta suavemente. No puedes pretender hacer un giro complicado en tercera, lo más probable es que te estampes contra una farola. En la vida es igual, los problemas hay que superarlos con paciencia y madurez. Y disfrutar la vida, ¡que es demasiado bonita como para que las lágrimas nos impidan apreciarla!



sábado, 16 de mayo de 2015

Él.

Te echo muchísimo de menos, no sabes las ganas que tengo de agarrarte fuerte por la cintura y apretarte contra mi pecho, sentir tu calor y tus manitas pequeñitas recorriendo mi espalda. Daría lo que fuera por otro abrazo como el del otro día en el campo, tus manos en mi pecho y tú contraída, echa una bolita en mis brazos, mientras sentía que te protegía con mi vida.

Me gustaría poder sentir tu olor golpeando mi inquieta nariz. Me encantaría poder pasear por aquel campo tan verde y vivo, por aquellos "belloteros" en busca de alimento para los cerdos, charlando contigo indefinidamente hasta quedarnos sin habla. Sentarte encima de la valla que contempla el horizonte y ponerme detrás tuya para sujetarte y presenciar juntos el atardecer. Me encantaría poder disfrutar contigo mientras canto la canción de "Xena, la princesa guerrera", y sales corriendo y saltando como loca.
Daría lo que fuera por poder tan solo sentarme a observar cómo estudias los conceptos principales de la teoría platónica mientras me miras feliz esperando a terminar para que te pregunte todo desde el principio. Por poder agarrarme de tu mano bajando aquel puente de piedras que deseé que no acabara nunca. Por hacernos una y mil fotos más en aquel bello paisaje. Echo de menos el latir de tu corazón en mis labios, el tacto suave de cuello, el calor de tu cintura y el frío de tus piececitos. Te echo de menos y te amo, te amo más que nunca y espero poder verte pronto y revivir todos estos momentos.

Ahora mismo siento que la máxima felicidad está en tus labios, y me refiero a la gran sonrisa que me entregas mientras lees estas líneas que he escrito para ti.

domingo, 26 de abril de 2015

Primer beso.

"Entonces me dijo que aún había una última sorpresa, y sacó de la mochila un candado y un par de rotuladores permanentes. Me dijo que había comprado ese candado con la intención de escribir nuestros nombres y engancharlo en algún puente como hacen muchas parejas. Pero me dijo que yo el día anterior le había quitado las ganas de enseñármelo porque al pasar por un puente había visto candados y había dicho algo como: "Muy bonito, pero cuando se peleen a ver como quitan el candado". Yo ni siquiera recordaba haber dicho eso, pero me sentí muy mal por haberle quitado la ilusión sin saberlo. La verdad es que siempre estoy diciendo que no me gustan las cosas románticas, ni las flores, ni los candados, ni gestos de amor... pero no sé por qué digo esas cosas, supongo que es por hacerme la fuerte y la independiente, cuando yo en verdad soy la primera tonta romántica que le gusta ver miles de películas de amor y que un libro no le resulta interesante si no hay al menos una pequeña historia de amor. Cuando me enseñó el candado me di cuenta de la ilusión que realmente me hacía, y de lo que realmente le quería, de lo ciega que he estado todo este tiempo, de lo fría que he sido por no darme cuenta. Entonces lo abracé y volví a sentir esa sensación de cariño y protección. Volví a sentir esa sensación de saber que allí podría haber muerto feliz. El sitio era perfecto, no se veía absolutamente todo el puerto porque había árboles, pero se veían las luces al fondo, la intimidad, el cariño, y es que no se podía pedir más. Entonces mis labios volvieron a hablar solos y le dije: "¿Me das un beso?". Pero la verdad es que me daba miedo, sentía que no iba a saber, que mi nariz era demasiado puntiaguda e iba a chocar con él y no íbamos a llegar... miles de tonterías. Él se acercó a mi mientras me preguntaba "¿Estás segura?", y yo estaba segura, pero me daba verguenza y miedo, y no sabía qué hacer. Me daba miedo sentir directamente el contacto de sus labios, así que empezó a darme besos en la mejilla y se fue acercando poco a poco. Cerré los ojos y empecé a sentir sus labios y fue como... Dios mío, si es que no hay palabras. Era lo que tanto he soñado siempre, lo que tanto he temido, lo que tanta verguenza me ha dado, y estaba pasando, y yo me sentía temblar, pero podría haber muerto ya allí perfectamente. Sentí que movía los labios buscando como morder los míos, y yo estaba sorprendida porque no sabía qué hacer, pensaba que dar besos en los labios era lo mismo que en la cara pero con otro tacto, sin embargo es mucho más, es la sensación de tenerlo tan cerca, de querer comértelo, de sentirlo jugar con tus labios, el acto reflejo de moverlos, de explorarlos... no hay palabras en serio, ¿cómo describir algo tan fuerte? No sé si existe algo mejor en la vida. 

Miramos la hora en el móvil. Eran las 2:47 de la mañana.


“Le susurré “¿estás segura?”, ella susurró un “¡Sí!” que me puso los pelos de punta. “¿Estás segura de verdad?”. Ella respondió de nuevo que sí, de forma incluso más rotunda. Yo ya no aguantaba más la tensión, ella temblaba en mis brazos. Estaba muy nerviosa. La emoción de saber que sí, que me había elegido a mí me hizo sentir el hombre más feliz del mundo. Me alejé un poco de ella para poder contemplar su cara, sus ojos cerrados y su boca medio abierta como esperando a que encajara con la mía. No quise hacerla sufrir más, me acerqué lentamente, mientras ella suspiraba. Puse mi nariz junto a la suya, sentía su respiración en mi boca, cerré los ojos y… me acerqué más. Noté como mis labios y los suyos se fueron poniendo en contacto, tenía unos labios muy suaves y húmedos, eran muy pequeños en principio, y luego los sentí más grandes. Noté que el tiempo alrededor se paraba, que no existía nadie más que nosotros. Poco a poco su boca y la mía se iba acercando más y más. Sentía sus labios al completo tocando los míos. Sentía que su respiración y la mía eran una sola. Sentía sus labios como dos pequeños trocitos de miel dulce y fresca. Sentía que el viento dejaba de correr y que el único aire que se movía era el de nuestra respiración. Sentía que en ese momento éramos un único ser unido por el amor, sentí que no quería perderla nunca, nunca, nunca. Sentí que nada sin ella tenía sentido, que no quería volver a caminar solo por la calle, que no quería volver a salir sin ella, que no quería aprender nada sin ella. Sentía que toda la felicidad que puedo tener en la vida provenía de ella, todas mis primeras veces, todas mis ilusiones, todas mis alegrías, mi casa, mi futuro, mis victorias, mis derrotas, mis hijos, mis fracasos, mi destino…Sentía que ella era mi vida entera y que fuera de ella no había lugar para nada ni nadie más. Sentía que ella me estaba haciendo sentir completo de una manera en la que nunca me había imaginado que podría hacerme sentir nadie. Ella le daba sentido a todo.”