sábado, 16 de mayo de 2015

Él.

Te echo muchísimo de menos, no sabes las ganas que tengo de agarrarte fuerte por la cintura y apretarte contra mi pecho, sentir tu calor y tus manitas pequeñitas recorriendo mi espalda. Daría lo que fuera por otro abrazo como el del otro día en el campo, tus manos en mi pecho y tú contraída, echa una bolita en mis brazos, mientras sentía que te protegía con mi vida.

Me gustaría poder sentir tu olor golpeando mi inquieta nariz. Me encantaría poder pasear por aquel campo tan verde y vivo, por aquellos "belloteros" en busca de alimento para los cerdos, charlando contigo indefinidamente hasta quedarnos sin habla. Sentarte encima de la valla que contempla el horizonte y ponerme detrás tuya para sujetarte y presenciar juntos el atardecer. Me encantaría poder disfrutar contigo mientras canto la canción de "Xena, la princesa guerrera", y sales corriendo y saltando como loca.
Daría lo que fuera por poder tan solo sentarme a observar cómo estudias los conceptos principales de la teoría platónica mientras me miras feliz esperando a terminar para que te pregunte todo desde el principio. Por poder agarrarme de tu mano bajando aquel puente de piedras que deseé que no acabara nunca. Por hacernos una y mil fotos más en aquel bello paisaje. Echo de menos el latir de tu corazón en mis labios, el tacto suave de cuello, el calor de tu cintura y el frío de tus piececitos. Te echo de menos y te amo, te amo más que nunca y espero poder verte pronto y revivir todos estos momentos.

Ahora mismo siento que la máxima felicidad está en tus labios, y me refiero a la gran sonrisa que me entregas mientras lees estas líneas que he escrito para ti.