domingo, 24 de enero de 2016

¿Dificil?

¿Difícil? Difícil es olvidar recuerdos que me hacían soñar, la ilusión que sentía al ver tus pies caminar junto a los míos, olvidar cada beso, cada roce que me erizaba la piel. Tus dedos recorriendo mi espalda, mis dedos recorriendo la tuya, como arañas enredándose entre los pelos de tu pecho. Olvidar tus suspiros, tu boca entreabierta y mis ojos entrecerrados.

Difícil es renunciar a todos nuestros sueños. Renunciar a vivir juntos, a despertar cada día entre tus brazos. Desnudos. Renunciar a las tardes de domingo abrazados en el sofá. Ver una película de miedo sólo como excusa para sentirme protegida en tu pecho.

Difícil es olvidar lo segura que me sentía al caminar de tu mano. Lo orgullosa que me sentía de ti, de tus metas y logros. Compartir tus alegrías, y también tus penas.

Es difícil darse cuenta de que todo lo que soñaste ya no podrá ser nunca. Tan difícil que vuelvo a caer una y otra vez en tus brazos, incapaz de decirte adiós por última vez, incapaz de olvidarte del todo.

El problema es que, al igual que mis uñas se abrían paso entre la carne de tu espalda, tus mentiras se abrieron paso en mi corazón, se clavaron como cuchillos, desde la espalda hasta el pecho, y vi su punta afilada atravesando mi piel desnuda, indefensa. Culpable por haber confiado en ti. 

Estas heridas no pueden cicatrizar cariño, lo siento. Lo intenté mil veces, de mil maneras. Intenté engañarme a mí misma, a mi corazón. Intenté quererte incondicionalmente, pero no puedo evitar guardarte rencor. No puedo evitar recordar tus mentiras y sentir pena de la yo del pasado, esa niña inocente que fui y lo mucho que te quise, ajena al daño que estabas a punto de causarme. 

No puedo evitar culparte por consentir que sus dedos caminaran por tu piel antes que los míos, por acariciar su cuerpo antes que el mío. Lo siento. Lo he intentado. Pero el dolor no me deja ser feliz, no me permite darte lo mejor de mí, y te mereces más que eso. Y yo también.

Por eso te pido que me dejes olvidarte, que tus brazos no actúen como salvavidas cuando esté ahogándome en el dolor del recuerdo. Porque tengo que pasar por esto, tengo que caer del todo para poder levantarme. Debo superarte, por tu bien. Por el mío.

¿Difícil? Difícil es pedirte que me abandones, que no me dejes volver a ti, que no me dejes caer de nuevo. Por tu bien. Por el mío.