sábado, 6 de mayo de 2017

Tu recuerdo.

Tras volver a pasar unos días contigo, caminar por la calle juntos, entrar a tiendas o tomar algo en un bar, llego a la conclusión de que no eres el mismo. El recuerdo de esos días me hace sentir vacía. Evoco el recuerdo de algún rato sentados en un bar, pero es una sensación muy extraña, como si realmente hubiera estado sola. No recuerdo los temas de los que hablábamos, ni cómo me sentía, ni siquiera te puedo recordar con claridad. 

Es como si de pronto te hubieras esfumado. No tú como persona, sino tú como lo que fuiste para mí. No queda ya nada de esa complicidad que sentía contigo, de la seguridad de estar a tu lado, de las sonrisas, miradas traviesas y risas fuera de contexto. 

Evocar recuerdos del pasado es como querer aferrarme a un personaje literario, que deja de existir cuando llegas al final de su libro. Quedas con la impresión de que ha existido, le has conocido, con su personalidad y rasgos característicos. Pero de pronto cierro el libro, un vacío se apodera de mi pecho y sé que no te volveré a encontrar. Me empeño en buscarte en otros libros traducidos en besos y caricias desconocidas, pero nada me llena. La persona que fuiste, todo lo que conocí, incluso quien fuimos juntos... todo eso se ha esfumado en un suspiro, en un abrir y cerrar de ojos tan ligero que no nos dimos cuenta. 

Y veo tu apariencia, sigues siendo tú materialmente, pero siento que nunca más seremos nosotros. Que tú tampoco me puedes llenar ya. 

Ahora me empeño en escribir mi propio libro; lo estoy haciendo justo en este momento. Aquí puedo crear los personajes que quiera, pero siempre me descubro reflejándote en ellos. ¿Acaso no vas a desaparecer nunca de mí? Me veo reducida a intentar mantener intacto tu recuerdo, como quién se empeña en conservar una estrella fugaz en un tarro de mermelada. Sólo que al abrirlo se escapa y distorsiona, y cada vez son más las connotaciones negativas que me apuñalan el alma al invocar tu imagen.

Este navío ha caído rendido, cariño, lo presiento. Ya decía Paulo Coelho que lo que ahoga a alguien no es la inmersión, sino el hecho de permanecer bajo el agua. Y nosotros ya llevamos demasiado tiempo ahogados.