lunes, 26 de junio de 2017

Gracias.

Gracias.

Has sido inspiración de mis más dolorosos relatos.
He escrito con el corazón en carne viva por ti.
Te he dedicado mis versos más oscuros, y también sinceros.
Has conseguido que convierta todo ese dolor en arte, en palabras que otros leerán.

Así que, gracias.

Porque aunque no hayan sido mis palabras más bonitas,
has exprimido mis sentimientos más sinceros.

lunes, 19 de junio de 2017

Perdóname (a mí misma).

Llevo horas y horas delante de los apuntes, intentando concentrarme, intentando estudiar. Intentando engañarme a mi misma diciendo que no pasa nada, que no le de importancia, que simplemente me concentre en estudiar.

Pero parece que mi cuerpo es más inteligente que mi mente, y no lo puedo engañar. Mi corazón ha decidido seguir su propio ritmo, y parece estar tan dolido, trastornado, que quiere salirse de mi pecho. Mis ojos parecen llorar solos, no tienen control, no me quieren escuchar. Y mi estómago se siente como si le hubieran apuñalado una y otra vez. 

Pero claro, la culpa es mía. ¿Cómo puedo disculparme con mi cuerpo? ¿Cómo puedo explicarle que por mis decisiones le toca volver a sufrir? 

Perdóname. Sí, perdóname a mí misma. Porque intento tomar las decisiones correctas, porque te he entregado en manos ajenas, y te han vuelto a herir.
Y ahora, que me siento tan sola de nuevo. Sólo me queda mi viejo aliado de siempre: escribir.
Escribir para disculparme conmigo misma, escribir para reconocerme las cosas, para ser consciente de la realidad. Escribir para plasmar este dolor para siempre, y tenerlo en cuenta la próxima vez que quiera arriesgarme. 

Ya sé que no puedo poner mi corazón en manos de nadie, y sé que confiar en alguien al final siempre duele. Pero es tan bonito mientras dura. Es tan bonito mirarle y pensar que él sí, el es el hombre de tu vida y no te va a hacer daño. Y luego termina pasando, y te vuelves a jurar no repetir. 

Pero eso es la vida. Arriesgar. Arriesgar para perder.