domingo, 9 de julio de 2017

Efecto Mandela.

“A veces recordamos lo que nunca sucedió”. 

Quién me conozca bien sabrá que soy una pesada y que siempre estoy citando frases de Carlos Ruiz Zafón. A estas alturas creo que sobra decir que es mi autor favorito. Empiezo a pensar que, haber leído todos sus libros empezando mi adolescencia debió marcarme de algún modo, y ahora, frases de sus libros vienen a mi memoria ante muchas situaciones cotidianas. Pero esto es sólo una pequeña introducción a lo que hoy quiero exponer. 

Muchas veces el pasado nos tortura, como una espinita clavada en algún rincón de nuestra alma, sin saber exactamente dónde, pero está ahí y nos va marcando poco a poco. No resulta extraño pillarnos a veces rememorando algún momento o sintiendo pena por lo que ya no es.
Yo, precisamente, tengo gran tendencia a ser nostálgica. Casi es como una pequeña tortura que me aporta cierto placer. Soy de las que piensan que si dejamos de dar importancia al pasado, no tiene sentido tampoco esforzarnos en el presente, pues terminará siendo pasado. Por eso, sé valorar en cierta parte lo que ya no es, pues al fin y al cabo es ahí dónde está el aprendizaje y la experiencia. Pero también es cierto que hay que saber marcar límites, y ver cuánta importancia debemos conceder a cada espacio temporal. Y para apoyar esta idea, me gustaría hablar del curioso “Efecto Mandela”. Quizás lo conozcas o quizás no, quizás contigo funcione, o no. Pero es un fenómeno que ocurre a nivel grupal y está demostrado. 

¿Sabes quién es Nelson Mandela? Antes de seguir leyendo, piensa un momento en él, imagínalo e intenta recordar su historia. Si no tienes demasiada información sobre él, quizás recuerdes pequeños aspectos que has visto en televisión, como que ganó el Premio Nobel de la Paz. ¿Hace cuánto murió? Intenta pensar en una cifra de años aproximada. 

Aquí está el aspecto curioso. Una gran parte de la población piensa que Mandela murió hace aproximadamente treinta años, mientras que otros aseguran que fue sólo hace unos cuatro años. Realmente murió en 2013, pero las personas que piensan lo contrario habrían puesto la mano en el fuego, pues están seguros de que murió hace mucho tiempo. 

Otro ejemplo aún más difundido. Piensa en el muñeco del conocido Monopoly. Intenta imaginarlo.
Te ayudaré un poco. Voy a ir dándote pistas. 

- Es un hombre mayor.
- Con bigote.
- Sombrero.
- Monóculo.

Espera... ¿Monóculo? ¿Estás seguro que lleva monóculo? Si has imaginado a este muñeco con una lente en el ojo, si estás absolutamente seguro de que es así, te diré que no. Realmente el muñeco del Monopoly nunca ha tenido monóculo. Puedes buscarlo en internet y sorprenderte. Y sin embargo, una gran parte de la población está segura de haberlo visto así. Y hay muchísimos más ejemplos del “Efecto Mandela”. Si estás interesado, puedes buscar más información. 

También ocurre a nivel personal. A veces, por ejemplo, vemos de nuevo una película y esperamos una escena o una frase que recordamos perfectamente, y sin embargo no sale, o es diferente a como recordábamos.
¿Por qué ocurre esto? Hay muchas teorías. Muchas hablan de universos paralelos y diferentes dimensiones. Yo, estudiante de Psicología, evidentemente apuesto por nuestra mente, que no es tan perfecta como creemos. De hecho, hay muchos fenómenos psicológicos, como la Disonancia Cognitiva, que hacen que podamos dudar de lo objetiva que es nuestra mente. 

Esto hace que recuerde mis “queridos” años de bachillerato, cuando pensaba que Descartes era una chalado por dudar hasta de sí mismo. Pero con el tiempo veo que no estaba tan lejos de la cordura, pues es verdad que a veces nuestra mente nos juega malas pasadas, y podemos llegar a estar seguros, hasta el punto de apostar lo que sea, por una idea que realmente nunca sucedió. 

Por eso me gusta darle importancia al pasado, pero hasta cierto punto, porque con el paso del tiempo nuestra mente distorsiona los recuerdos, los sentimientos y sensaciones; y no podemos ser del todo objetivos. Es muy típico, por ejemplo, recordar una relación pasada mucho más penosa de lo que realmente fue, simplemente porque finalmente las cosas salieron mal. Nuestra mente, para hacer más llevadera la ruptura, nos convence de que prácticamente todo era malo, y por el camino se pierden muchos buenos recuerdos y enseñanzas. O justo al contrario, con el tiempo nos invade la pena recordando principalmente los aspectos positivos de una relación que realmente no era tan buena.

Mi teoría sobre el “Efecto Mandela” es que el ser humano tiene tendencia relacionar cosas, atar cabos. Por ejemplo, Mandela ganó el premio de la Paz en 1993. Si en algún momento alguien ha estudiado esto en el colegio o simplemente lo ha visto en la tele, es “normal” que piense que este hombre murió hace tiempo, pues lo vemos como una fecha muy lejana, y si ganó este premio ya debía ser mayor. 

O para el muñeco del Monopoly, lo cierto es que tiene el aspecto de hombre mayor del siglo XIX, y tenemos tendencia a imaginar a estos hombres, especialmente los de clase alta, con monóculo. Por eso, quizás, nuestra mente lo relaciona e involuntariamente imagina a este señor así.
Sea como sea, es un efecto muy curioso que nos hace preguntarnos cuánto podemos fiarnos de la objetividad de nuestra mente, especialmente respecto al pasado. 

Por ello, no debemos olvidar quién somos, el camino que hemos andando y cómo nos ha ido fortaleciendo, pero no quedarnos anclados en un pasado no objetivo, y ser capaces de mirar más allá.
 

1 comentario:

  1. Para los que ya ni si quiera peinamos canas Mandela es una referencia mejor que el tipo del Monopoly. Nunca me gustó ese juego. (Por cierto a Mandela siempre que lo recuerdo ahora me viene: Invictus. Y su referencia a la cita I' m the master of my fate...)

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